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No. de registro
22163
Fecha de registro
25 Julio 2017
CNBV

Enfermos el presidente y su gobierno

Con el nuevo contagio de AMLO por Covid y el nombramiento de funcionarios públicos que ni siquiera terminaron la preparatoria como Javier May, flamante titular de Fonatur y responsable de la construcción del Tren Maya, quedó en evidencia que el gobierno carece de los estándares mínimos de profesionalización y de preparación académica que deben tener los servidores públicos del máximo nivel; y de los protocolos de seguridad para resguardar la salud del presidente de la República, independientemente de la persona que ostente este honroso cargo.

Luego de que el principal huésped de Palacio Nacional presumiera sus niveles de oxigenación y temperatura corporal lo que lo orilló a llamar a la variante Ómicron como un “covidcito”, desapareció de la escena pública, seguramente porque los efectos del virus lo postraron en la cama.

De forma paralela, el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, se refirió al estado de salud de su jefe como óptimo, falacia contumaz que desnuda la preocupación por su enfermedad ya que aun sin Covid, los males cardiacos y la hipertensión que aquejan al Jefe del Ejecutivo Federal, precisa de atención médica permanente.

Así que si alguien insiste en que la salud de López Obrador es óptima, significa exactamente lo contrario.

La enfermedad del presidente se da en el contexto de que ha subestimado al Covid con erróneas decisiones que implican no comprar las suficientes pruebas de detección masivas y por supuesto, de carecer de vacunas de mayor calidad que existen en el mercado internacional como Moderna y Pfizer

Ante el impresionante contagiadero que se da en México de Ómicron y que a la postre, enfermaremos todos por culpa de esa variante, los responsables directos de combatir la pandemia, Jorge Alcocer y Hugo López Gatell, entablan un concurso de torpezas y zalamerías, para halagar al presidente, a tal nivel que su escaso prestigio profesional está por los suelos, hecho que solo causa hilaridad y enojo entre sus pares, aunque esto es un mal menor ante el fallecimiento de más de 600 mil mexicanos por Covid.

Mientras uno recomienda Vick Vaporub para combatir al virus, el otro, presume de la “fuerza moral” que tiene el presidente para no padecer de Covid.

Por desgracia la enfermedad del presidente, a quien por cierto le deseamos pronto recuperación, se trasmina a todo su gobierno, ya por falta de liderazgo, lo que provoca grillas y desencuentros en el primer círculo de colaboradores, ya por falta de capacidades técnicas y operativas o también por actos de corrupción y componendas con criminales.

Ante la ausencia de un plan rector de gobierno que permita  transitar a mejores niveles de vida para todos los mexicanos, los funcionarios de AMLO andan sin brújula y salvo aquellos que participan en la estrategia electoral para mantener el poder en el próximo sexenio, los demás están perdidos y caminan como perritos sin dueño.

AMLO está enfermo, al igual que su gobierno y si todos los indicadores económicos, de inseguridad pública, de desabasto de medicamentos, inflación y los precios de las gasolinas, tienen niveles desastrosos, pues no se necesita mucha sapiencia para prever el futuro.

Tal como lo anticipamos, este año será peor que el anterior y el 2023 seguirá esa tendencia al igual que el 24.

No hay forma que el barco enderece el rumbo, menos cuando por ejemplo, la fuga de capitales y la salida de grandes firmas corporativas del país, como Banamex, presentan niveles inéditos y en paralelo, la narrativa presidencial se construye como un castillo de naipes que ante la menor ventisca se derrumba.

Sería iluso pensar que podría haber un golpe de timón de López Obrador para corregir el rumbo, sobre todo cuando se cocina en el Congreso aprobar la contrarreforma eléctrica que vendría a desbaratar al sector energético y  pulverizar la poca confianza que aún queda entre los inversionistas internacionales.

De hecho, si se avala esta reforma en el Congreso, tardarían más en cancelarla por los furibundos reclamos que vendrían de la Casa Blanca en Washington.

En cualquiera de los casos, ojalá que en estos días de convalecencia presidencial, AMLO logre salir incólume de su enfermedad y que se aplique a restaurar también la salud de la República.